Cuatro, "La obsesión de Frida".


De nuevo con los sentimientos a flor de piel, el don nadie, admirador de la dama agacha la cabeza al verle los ojos, pues sabe que lo que ocurrió el otro día jamás se repetirá, ella a lo lejos le sonríe, y se siente consternada al  ver que el don nadie le evade la mirada, se dice a si misa “Sera posible que ese miserable se atreva a evadiré, a mi Frida”, pero no deja que su desencajo se note, y continua con la obra, la cual ya es todo un éxito. Después de la función y la dama desvistiéndose en el camerino, toca a la puerta su tan amado diego, el cual echa en cara su asistencia al restaurant , muy a sabiendas de que él se presentaría ahí con su familia, “Frida, Frida, Frida, jamás dejaras de sorprenderme, crees que podrás sembrar en mi la semilla de los celos, te equivocas lo único que has logrado es hacer que me decepcione, que artimaña tan mas patética, habiendo tantos lugares en la ciudad escogiste…”, antes de que diego termine, Frida lo interrumpe y se acerca al hombre humedeciendo sus labios,  respirando profundo el hedor de su cuello, con cara de cinismo le dice “perdón,  me sorprende que pienses así de mi, pero no te equivoques Diego, el mundo no gira a tu alrededor, lo que menos buscaba esa noche era a ti, solo quería disfrutar del éxito obtenido, aun con tu ausencia, del éxito que obtuve al lado del que consideras un don nadie, ese que izo tu labor mucho mejor que tú en el escenario y tras de él”, en toncas  lo empuja y le obliga a salir del camerino, en su cara azota la puerta. 

Frida cae agotada en su cama,  las ideas le dan mil vueltas en la cabeza, por una parte esta ese amor  que tanto la exaspera, don diego, en segundo plano  el caballero que siempre la complace, el licenciado armando, luego el admirador que roba sus sentidos con cada nota nueva que le deja en el camerino, con cada detalle que logra seducirla al máximo, ese que siempre  logra rebasar el nivel con cada nueva a parición, y por ultimo ese pobre diablo, el don nadie, del cual ni siquiera su nombre sabe, sabes de su existencia, de su interés por ella pero jamás le ha preguntado su nombre. Ella recuerda con ansias cada detalle que ocurrió la noche anterior, a la salida del restaurant, la mano que la tomo del brazo, la sorpresa que se llevo al ver aquel hombre con antifaz, con ropas elegantes, zapatos bien lustrados,  un peinado exquisito y esa voz peculiarmente conocida que le susurra al oído de manera  seductora  “mi bien amada Frida, soy tu más ferviente admirador, concédeme el honor de pasar esta noche a tu lado, que sea dios quien decida el rumbo de nuestras vidas, no tu, no yo, solo  él, recuerda que la vida hay que vivirla al día, tu y yo sabemos que esta vida es una obra más, un simple ¡obra absurda! ¿Verdad?”, ella ida en su mente cree ya haber escuchado esas palabras antes, pero como siempre su curiosidad es mayor, accede sin resistencia a seguir el camino que el ferviente admirador le postra, suben a un carro de buen ver, la lleva a un lago, donde disfrutan de una botella de vino, a  la luz de la luna, y el deleitándole los oídos con palabras improvisadas y hermosas , ella no deja de pensar en quien será ese hombre que la ha logrado seducir, al grado de no exigirle que se quite el antifaz, las horas se consumen tan rápido cual si fuese el agua de un vaso que se le brinda al sediento, tan rápido como las situación, el admirador la ha llevado a su casa, ella le pide pasar la noche juntos, pues arde en deseo  en curiosidad, una nueva parte que ni ella misma conocía de sí misma, el admirador accede con una condición, ella le dice de manera ofendida  “¿una condición?,¿ a mí?, ¿pero quién crees que eres tú para condicionarme a mí?”, antes de que esta termine de hablar él la calla con un beso, ella jamás había probado tan dulces y suaves labios, “entremos” él le dice, ella accede, caminan abrazados besándose, apenas y pueden avanzar, pues no dejan de separarse, ella abre la puerta y entran, él la azota, y prosiguen a la recamara, él la desviste de manera sutil, y agresiva al mismo tiempo, ella se deja manipular por el que en una noche se convierte en su maestro, ella le desviste también, el toma su corbata y con la misma venda los ojos de Frida, el se quita el antifaz, le dice “ la única condición es que esta noche aun no sepas quien soy”, ella lo jala y le dice “basta de palabras, solo continuemos, calla, espero que a como hablas actúes”, él la besa desde el cuello, hasta llegar a su pecho el cual pasa lentamente con su lengua, humedeciendo cada pequeño rincón del mismo, con sus manos le quita el sostén,   prosigue besando sus senos,  y baja al abdomen, el cual besa detallada mente, ella esta muda por el placer al detalle, el baja mas y quita sus medias mientras besa sus piernas, ella está totalmente desnuda ante él, el igual, él la voltea y la abraza por la espalda, misma que también besa detalladamente, ella ya no soporta más tanta seducción, tanto placer sin comenzar, ella pide comenzar, él le pide tiempo, el quiere disfrutarla más, pues no sabe cuando vuelva a ocurrir,  la avienta en la cama, y comienza amarla de una manera lenta pero dominante al mismo tiempo, ella le abraza contra su pecho, el prosigue lenta y rápidamente intercalando en pequeñas pausas, ella lo enreda con sus piernas aprisionándolo con fuerza, mientras le clava las uñas en la espalda, y muerde con sus labios el cuello, ella jamás había sido  amada con tal magnitud,  jamás avía sentido tanto con tan solo unas carisias, el es todo un amante,  la hace probar el éxtasis de su primer orgasmo el cual le hace decir inconsciente mente “Te amo” el sorprendido continua,  el acto dura alrededor de una hora y media, ella queda profundamente dormida y el pensante, sabe perfecto que lo que ocurrió con ella jamás volverá a pasar, por lo que antes de que se despierte se marcha a su casa, dejándole  tan solo una dulce nota que decía “Eres simplemente  lo mejor que me ha pasado, disfrute tanto de cada minuto que pase a tu lado, del amarnos sin restricciones, eres un ángel encarnado en vida, llevo más de media hora observándote dormir, y me enamoro cada instante mas y mas de ti, o mi amada Frida, mi pecho siente el dolor de tener que partir de tu lado, no me odies por huir de ti, no me odies por ser así,  yo también te amo, mi bien amada Frida”. Esto es lo que en gran parte tiene consternada a Frida, realmente ahora siente algo por el ferviente admirador, pero como se conoce también sabe que puede ser solo un capricho, lo que no puede permitir es el seguir pensando en el, sabe perfecto que cuando menos lo piense de nuevo aparecerá con otro detalle, otras  rosas, y quizás con otra cita improvisada.

El don nadie esta ido, realizando su trabajo terminando con los arreglos y limpiando el lugar, en ese momento, entra una bella damisela, el nunca antes la había visto por los alrededores, ella se presenta ante el “Hola, mucho gusto, mi nombre es Amelia, ¿Cuál es tu nombre?”, el se sorprende y pues la belleza de ella es realmente comparable con la de su amada Frida, sigue con sus labores mientras le contesta, “¿me preguntas a mi?”, “sí, claro a quien más” le contesta la dama, “bueno mi nombre es Zer” le responde, “muy bien Zer, un placer, la verdad me encanto tu actuación el día de ayer, mi papa es Diego, a quien tu remplazaste, la verdad muchas gracias, sin ti la obra hubiera fallecido”, el sonríe y así comienza una ardua platica. Diego, consternado por la reacción de Frida sale al escenario a ensayar para poder distraerse, es donde ve a su hija hablando con el don nadie, en ese momento le grita “Amelia, ven inmediatamente para acá”, ella le obedece y se despide de beso con el don nadie, diego, le grita a su hija “¿Cómo es posible que te rebajes a hablar con ese muerto de hambre, ese don nadie?, no quiero verte nuevamente hablando con él, ¿entendiste?”, ella le contesta “papa, yo ya soy muy grandecita como para que me estés prohibiendo mis amistades, además deberías de estar agradecido, que gracias a ese don nadie como tú lo dices, la obra no se clausuro ayer”, le voltea la cara y le dice “además no he venido a verte a ti, ni a él, he venido a felicitar a mi mejor amiga Frida, que tengo años sin verla, y que mejor hoy que apenas voy regresando de España, muero por contarle lo que he hecho, y que me cuente de nuevo de su admirador”, diego calla, y la deja que avance, mientras tanto en el camerino, Frida toma con gran ilusión una nota que le depositaron bajo la puerta, al abrirla ve un ramillete de flores, piensa en su admirador, pero no es este, la nota es de su pretendiente Armando, pidiéndole una disculpa por dejarla sola en la puerta del restaurant, y comprendiendo que haya preferido marcharse sola, que la recompensara, ella tira la nota al basurero, en eso nuevamente tocan la puerta, es Amelia, su mejor amiga, hija de diego,  “Frida, ¿ como estas?, tanto tiempo sin verte”, “muy bien ¿ y tú?, ¿Cuándo regresaste?”, contesta conmocionada Frida, así comienza con su charla, Amelia cuenta con lujo de detalle todas las experiencias vividas en España, la cultura, la comida, los antros, las diversiones, y los hombres, en especial hace énfasis en estos,   “Pues entrando a este tema, déjame decirte, que el joven del aseo,  el que suplió a mi padre ayer, tiene talento, sin mencionar que es muy apuesto, y se ve educado  para ser un don nadie como lo dice mi padre “, Frida con su sonrisa fingida le cuenta un poco sobre el “La verdad es un joven muy noble, inocente incluso,  en cierto grado ingenuo , la verdad es muy buen hombre, ¡a! y ¡soltero! Por cierto”, Amelia le contesta, “¿de verdad es soltero?,  que bien amiga, creo que ya se quien es mi próximo prospecto”, Frida se sorprende pues dentro de su pecho siente, fuertes palpitaciones,  se dice a sí misma “pero, ¿Por qué siento esto?, ¿Qué es lo que sucede conmigo?, ¿acaso  siento celos?,  pero por dios, como he de poder sentirlos,  si esta niñata, no se compara con mi presencia,  dejare que proceda, al cavo  se que ese don nadie siempre será mío,  a la hora que yo quiera,  cuando yo lo disponga”, “¿Qué es esto?” pregunta Amelia, “valla una carta de un admirador, ¿verdad? Pilluela” añade Amelia,  Frida siempre a la altura de la situación alardea, “no, para nada, ese estúpido, no se compara con mi admirador, en fin mejor platiquemos luego, tengo que ensayar, es un placer verte de nuevo,  te parece si salimos, lleva a un amigo contigo, y aprovechamos la ocasión para presentarte al de la carta, veras que es un caballero”, Amelia le responde con sonrisa de picardía, al pensar a quien podría llevar, “me parece perfecto amiga, yo te marco para ponernos bien de acurdo, adiós, cuídate”.

Frida pasa el día entero pensando en el admirador que le robo toda una noche de su vida, y el único recuerdo de él es esa corbata que le vendo los ojos. Diego por su parte se encontraba ensayando como siempre, luciendo perfeccionista a morir, un poco alterado por la presencia de su hija en el teatro pues sabe perfecto que mientras está este, el no puede acercarse a Frida. Por otro lado el don nadie como siempre, cumpliendo con su labor, en ese instante  de ajetreo, Amelia le habla, “hola, ¿Cómo estás?, ¿no interrumpo verdad?”, “no, para nada, ¿se le ofrece algo?” responde el don nadie, Amelia  responde “Si, me apetece que esta noche me acompañes a un cena, no podrás negarte, mira que te lo estoy pidiendo como favor “ , ella logra arrebatarle una sonrisa al don nadie, quien eleva su brazo  colocando su mano en el cabello, asiendo que su camisa descubra su abdomen, cosa que a Amelia le sorprende pues está muy bien definido, ella no despega la mirada del don nadie, a quien lo hace sonrojar, el accede la propuesta de la dama, “está muy bien, entonces yo paso por ti a tu casa, dame la dirección” dice Amelia, el don nadie tartamudeando, contesta, “no, no, me mejor, que tal  si nos vemos en un lugar céntrico ahí puedes pasar por mi”, ella responde  “ tus razones tendrás, pero bueno, nos ponemos de acuerdo por celular, chao, te cuidas”, le da un beso en la mejilla casi tocando sus labio, Amelia por un instante a logrado cautivar el corazón del don nadie con la seguridad que muestra ante él, y lo atrevida que puede ser. Llegada la noche, Amelia pasa por él, ella se sorprende al ver al don nadie, quien no parece otra cosa más que un, apuesto caballero, se ve muy bien, “me podría enamorar de él” se dice Amelia,  “sube, por aquí cerca es la cena” añade la dama,  “Te vez radiante el día de hoy, la verdad robas todo el encanto a la noche, inclusive a las mismas estrellas despiertas envidia, pues el brillo de tus ojos es más hermoso que el de todas ellas, luces divina, y tu perfume conmueve al más grotesco ser”,  son las palabras con las que comienza su charla el don nadie, ella queda aludida y sorprendida de su capacidad por componer,  así que comienza a preguntarle cosas de su vida y el sin restricciones las responde. Al llegar al restaurante el don nadie queda totalmente helado, ante la presencia de su tan amada Frida, quien también se sorprende pero sabe disimular, el saluda y saca la silla de la mesa para que Amelia pueda sentarse, el también se sienta, y comienzan las presentaciones,  mientras que las risas por los comentarios del don nadie y las interacciones de este con Amelia se robaban la noche, Frida no podía contener su rabia, y su soberbia, ella no podía aceptar que el don nadie y esa nefasta fueran el centro de atención, su ego se veía pisoteado, por lo que comienza con pequeñas insinuaciones al don nadie, coqueteos que este nota brevemente y que le desconciertan, “ha de ser mi imaginación, estoy loco” se dice el don nadie mientras sonríe, “como quisiera arrebatárselo de las manos, seducirlo, y hacerlo mío en este instante” piensa Frida, entonces delicadamente se quita la zapatilla, dejando al descubierto su delicado pie, con el mismo comienza a tocar la entrepierna del don nadie, quien al sentir esto, pega un pequeño brinco pus lo ha sorprendido, ella solo sonríe de manera mofante, pues sabe perfecto que con eso ha demostrado que aun le pertenece, el evade las miradas de la dama, pero por debajo de la mesa, acaricia su pie, entonces la imponente Frida comienza a atacarlo públicamente, “¿porque no, nos platicas de tu trabajo?, por lo que hemos oído a de ser algo muy interesante verdad”, el don nadie se siente traicionado, y solo corren por su mente imágenes en las que la toma fuertemente del  brazo la acerca hacia él , le roba un beso y le pregunta  con voz seductora “¿sentiste mis labios, su sabor te es peculiar?, puedo jurar que mueres por probarlos de nuevo ¿verdad?, ¿sabes quién soy?”, acerca su olfato al cuello de la dama y con su lengua comienza a recorrerle el cuello lentamente, “¿mis carisias te son familiares?, ¿mi olor te es conocido?, te pregunto de nuevo, ¿ya sabes quién soy?”, pero en ese momento Amelia responde “El trabaja en el teatro, y tiene mucho talento”, lo voltea a ver con ojos de ternura, el agacha la cabeza, y Amelia aprovecha el momento para darle un beso en la boca, escena que robo sin duda alguna la atención de Frida, así como el momento en la noche.


Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.

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