Tres, "Soy Frida, la inexplicable Frida”


La bofetada  parece tener voces, el eco se encierra en las paredes y  se arranca de los brazos de aquel que piensa, que por un instante podría ser Frida de el, lo mira molesta, casi como arrancándole la vida "crees que por a completar el espacio con las frases inventadas, crees que por acariciarme enfrente del público podrás  hacerlo aquí,  ¡soy  Frida! Nada más y Nada menos que Frida, eres tu  quien siempre me admiras, eres quien sirve mi copa, aprende del admirador que me ha enviado esta rosa,  ese vino que a mi paladar encanta, aprende esas atenciones, que jamás podrás solventar, entiende que solo eres un pobre que barre y aprende las líneas de no tener otra cosa mejor que hacer, agradece que he cumplido  tu sueño, agradece maldito, que  fui tuya,  y recalca, Frida fue del que interpretaste no de ti, nunca de ti”, él la mira, no titubea.

 Frida  se desviste, dejándole ver su cuerpo, “ ayúdame”,  le dice, “ tengo una cena importante”, el desliza  el cierre del  vestido de la obra y ella solo recoge su cabello, el vestido cae, resbala por las medias y la lencería es la protagonista del instante, ella camina  hacia el closet , voltea y lo mira, le pregunta “¿ qué vestido te encanta? “ él dice “el  negro  de espalda descubierta”,  ella lo complace y  de la misma manera  lo  viste, pinta sus labios de carmín y su perfume ligero y esquicito  opaca el olor de la rosa y el vino,  ella segura le dice, “disfrútame, que esta noche otro me hará el amor”, ríe tan maja,  tan Frida y cruel  que no le importa, sólo es un corazón mas. 

Al salir, recibe unas flores, unos pendientes hermosos,  el  contador de tan importante empresa le  ha complacido, y  lo complace con portarlos, llega una limosina, le abren su puerta y  ahí  dentro el Lic. Armando,  ella le sonríe, le agrada su presencia, su inteligencia la desnuda, ella está feliz, él la besa, “te extrañe, no  me has dejado  verte tan a menudo, has estado  muy ocupada, eres la mujer más complicada que nunca antes he conocido y eso, me encantas”, ella sonríe, él le consiente demasiado sus absurdos antojos, “quiero  bailar y disfrutar de algo delicioso” dice la dama, él la mira ya tengo todo preparado, llegan a un restaurant hermoso con ventanales  a la ciudad, el rio,  las luces, los edificios, ella queda encantada  y él  la desea  tanto  que todo es poco con tal de tener a Frida.

“Encanto” le dice, “brindaremos por ti, por mi, por el momento que siempre me regalas”,  y ella responde, “Brindo por mí, por estar aquí y por dejar que estés aquí”,  el solo sonríe, la soberbia de Frida lo enloquece, y  brinda “Salud”.  Pasan las horas el  vino hace el efecto, ella sonríe, el piano  hace su  magia, y allí en medio de la pista, luces medias, sus ojos exageradamente felices,  llenan la pista,  y de pronto,  su mirada se desencaja, alguien ha llegado, Don Diego,  y de la mano con la hija de dueño del teatro,  él  la mira, y  solo  la ignora, ella no puede ocultar  su enojo, su rabia, pero se encuentra en los brazos de otros  y les pertenecen.  El acompañante abraza a Frida, la besa, la excita con lo mejor de lo mejor, siempre lo logra,  y Don Diego fingiendo  una sonrisa estúpida, se desencaja. Frida pide retirarse, quiere disfrutar y olvidar, él la complace, pero al salir, él olvida su sombre y  portafolio, ella lo espera, y alguien la toma del brazo, y coge su cintura, “¿Quién es él?” se pregunta, “¿Porque has hecho esto?”, ella Sonríe, ella Disfruta y  se  va de la mano con aquel  logra siempre tenerla feliz.  Al siguiente día, ella llega al teatro su camerino lleno de flores, ella radiante sale a practicar al escenario, al subir, lo mira, ella  finge no sentir nada, pero le encanta tenerlo ahí, tener a alguien que sin tener nada le da todo, ella le sonríe,  simplemente es ella, Frida.


Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.

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