La bofetada parece tener
voces, el eco se encierra en las paredes y se arranca de los brazos de
aquel que piensa, que por un instante podría ser Frida de el, lo mira molesta,
casi como arrancándole la vida "crees que por a completar el espacio con
las frases inventadas, crees que por acariciarme enfrente del público podrás
hacerlo aquí, ¡soy Frida! Nada
más y Nada menos que Frida, eres tu quien siempre me admiras, eres quien
sirve mi copa, aprende del admirador que me ha enviado esta rosa, ese vino que a mi paladar encanta, aprende
esas atenciones, que jamás podrás solventar, entiende que solo eres un pobre
que barre y aprende las líneas de no tener otra cosa mejor que hacer, agradece
que he cumplido tu sueño, agradece maldito, que fui tuya, y
recalca, Frida fue del que interpretaste no de ti, nunca de ti”, él la mira, no
titubea.
Frida se desviste, dejándole
ver su cuerpo, “ ayúdame”, le dice, “
tengo una cena importante”, el desliza el cierre del vestido de la
obra y ella solo recoge su cabello, el vestido cae, resbala por las medias y la
lencería es la protagonista del instante, ella camina hacia el closet , voltea
y lo mira, le pregunta “¿ qué vestido te encanta? “ él dice “el negro de espalda descubierta”, ella lo complace y de la misma manera
lo viste, pinta sus labios de carmín y su perfume ligero y
esquicito opaca el olor de la rosa y el vino, ella segura le dice, “disfrútame, que esta
noche otro me hará el amor”, ríe tan maja, tan Frida y cruel que no le importa,
sólo es un corazón mas.
Al salir, recibe unas flores, unos
pendientes hermosos, el contador de tan importante empresa le
ha complacido, y lo complace con
portarlos, llega una limosina, le abren su puerta y ahí dentro el
Lic. Armando, ella le sonríe, le agrada
su presencia, su inteligencia la desnuda, ella está feliz, él la besa, “te extrañe,
no me has dejado verte tan a menudo, has estado muy ocupada, eres
la mujer más complicada que nunca antes he conocido y eso, me encantas”, ella sonríe,
él le consiente demasiado sus absurdos antojos, “quiero bailar y
disfrutar de algo delicioso” dice la dama, él la mira ya tengo todo preparado, llegan
a un restaurant hermoso con ventanales a la ciudad, el rio, las luces, los edificios, ella queda encantada
y él la desea tanto
que todo es poco con tal de tener a Frida.
“Encanto” le dice, “brindaremos
por ti, por mi, por el momento que siempre me regalas”, y ella responde, “Brindo por mí, por estar
aquí y por dejar que estés aquí”, el
solo sonríe, la soberbia de Frida lo enloquece, y brinda “Salud”. Pasan las horas el vino hace el efecto,
ella sonríe, el piano hace su magia, y allí en medio de la pista, luces
medias, sus ojos exageradamente felices,
llenan la pista, y de pronto, su mirada se desencaja, alguien ha llegado, Don
Diego, y de la mano con la hija de dueño
del teatro, él la mira, y solo
la ignora, ella no puede ocultar su enojo, su rabia, pero se
encuentra en los brazos de otros y les
pertenecen. El acompañante abraza a Frida,
la besa, la excita con lo mejor de lo mejor, siempre lo logra, y Don Diego fingiendo una sonrisa estúpida,
se desencaja. Frida pide retirarse, quiere disfrutar y olvidar, él la complace,
pero al salir, él olvida su sombre y portafolio, ella lo espera, y
alguien la toma del brazo, y coge su cintura, “¿Quién es él?” se pregunta, “¿Porque
has hecho esto?”, ella Sonríe, ella Disfruta y se va de la mano con
aquel logra siempre tenerla feliz. Al siguiente día, ella llega al teatro su
camerino lleno de flores, ella radiante sale a practicar al escenario, al subir,
lo mira, ella finge no sentir nada, pero le encanta tenerlo ahí, tener a
alguien que sin tener nada le da todo, ella le sonríe, simplemente es ella, Frida.
Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.
Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario