Seis, “El encuentro con Don Diego”

Después de transcurrir los días, en cada ensayo, las miradas, las caricias, los roces, se hacían más fuertes, al director no le cavia la menor duda  de que había tomado la mejor decisión al  elegir a los protagónicos. No cabe duda que el que persevera alcanza, Frida logro cumplir con el que se convirtió en su principal objetivo desde que conoció a Diego, seducirle, esta lo invita a su camerino donde este con sus manos rodearon la cintura de Frida,  el corazón parecía  salirse de su pecho, las miradas tan  intensas, probablemente ninguno  mostraba  estar intimidado, la música en el fondo,  un piano tan intenso   que parecía que aumentaban los crescendos, el ambiente se  tornaba romántico, la mano  de Don Diego  paseaba por la espalda, Frida lo deja, el  quiere jugar a ser el irresistible; Un tango  empieza, Frida lo  abraza y desliza su cuerpo  con el de él, se pone de pié, lo mira, su pierna derecha doblada en la entrepierna de Don Diego, él la acaricia hasta sentir  el broche  que sujeta las medias, palpa su grabado, le toma su muslo  fuertemente  con su mano y, desliza a Frida hacia abajo  como si estuvieran montando toda una escena de erotismo, los minutos pasaban, era el tango de la pasión, los besos se intensificaron, las caricias bajo la ropa, el sudor del cuello y el olor  a sexo impregnaba completamente la habitación,  el quiere dominarla, ella se vuelve al protagonista.
De repente lo empuja, Don diego la mira, le rompe la camisa y  poco a poco desliza su vestido, Don diego la sujeta, la hace suya, los gemidos usurpan la palabras de amor,  o cualquier  frase que pudiera  arruinar la pasión, ella enloquece, sin perder su elegancia, el muere por que ella apruebe o siquiera comente  como  va sintiendo, ella egoísta, sintiendo por dentro, sintiendo al esclavo. Después de un instante,  ella se quita, intenta tomar su vestido,   y ponérselo, toma su chaqueta y él, se queda viéndola, ella lo mira se ríe, él corre tras ella,  y la aprieta, la postra sobre la pared,  y le dice al odio: "¿por qué haces esto?, ¿cómo es no sentir nada?”, ella solo lo mira y se zafa a la fuerza.  Abre la puerta, y  el le grita  “te amo, Frida  ámame”, ella sigue su paso, enciende su carro  y  se marcha,  Don diego se queda miserable.

 Al llegar a  casa, Frida se baña, y se pone a pensar dentro de la tina viendo  las imágenes movidas a través de ese liquido  vital,  no puede creer, que Don diego la incitara, la intentara domar, le gusta, le gusta mucho, pero le da mucha rabia, en eso el timbre del apartamento  suena, ella se cubre con una bata delicada de seda blanca, el olor del arándano por toda la casa, ella abre la puerta, ella molesta pregunta “¿Qué hace aquí? a caso no le bastó?”, era Don diego,  la siguió, “Si, y no me iré hasta que pueda terminar”, dice don Diego,  “¿Terminar qué?,  ¿se cree con el derecho de venir a mi casa, gritarme e incluso  reclamar?, vallase  que llamo  a los de seguridad, mientras yo  no le invite no tiene ni por qué parecerse por aquí”, lo empuja y  cierra la puerta. Don Diego  golpea la puerta, y le grita “si no eres mía, no  serás de nadie, ¿me oíste?, de nadie, yo me encargare de arruinarte la existencia”.

Frida llora, nadie había irrumpido en su casa, no recordaba un instante de dolor en su morada, estaba tan molesta que necesitaba sentir el poder, deja de llorar y corre a su closet, elige su mejor vestido, zapatillas de fiesta, y el  collar de diamantes,  arregla su pelo,  maquillaje de noche y buen perfume,  toma las llaves de su carro, y se dirige al hotel más lujoso de la playa, en donde nace el rio que tanto le encanta, llega, la reciben siempre tan amablemente, al entrar  el personal  se apura y le dicen “aguarde, le informaremos al dueño que ha llegado, si me permite acompañarla, a la mesa de siempre, hay  un buen pianista, le traeré la mejor botella de champagne”.  Ella se sienta, le encanta que la atiendan como una reina, en eso, el dueño entra por la puerta del restaurant, a ella le brillan los ojos, el llega le sonríe la pone de pie y la besa, agachándola un poco para que sienta la protección, “mi amor que sorpresa, estas hermosa”, interrumpe los halagos, y le pide a  un empleado traerle un regalo, ella no deja de sonreír, y le contesta, “necesitaba alegría, necesitaba  estar aquí contigo; En eso llegan al salón, siete empresarios, ella los observa,  uno le es familiar, ella pregunta, “¿esos caballeros quiénes son?”, el contesta, “son nuestros mejores clientes, se les preparo  una sala con  mesas del casino, realizan grandes apuestas, ¿pero  que importan todos los millones?, son tuyos Frida, si te casaras conmigo,  ella sonríe, “que cosas dices”, solo  lo abraza y le pide que  baile con ella, él  le consiente todo, todo  y cuanto pida, con solo dejarle olerla un instante, ellos bailan tres piezas  seguidas que el pianista  interpreta, y le complace al dueño de tan majestuoso  hotel, luces medias, velas en las mesas, la mejor gente, el mejor champagne  hace el efecto, todos parecen absurdamente felices, ella cierra los ojos y descansa, termina la pieza y él le dice “mi amor necesito reunirme con los empresarios que acabas de ver, te llevare personalmente al departamento que compre para ti y que es hora no me dejas dormir ahí”, ella le sonríe y lo abraza,  el se  conforma con  la sonrisa, todo el camino  tomados de la mano, el feliz y ella tranquila, el saca una llave abre la puerta y la carga hasta la habitación, la desviste, huele su piel,  la acaricia, la arropa y le da un beso tierno, acomoda su pelo, se sienta en la cama, y le dice, “descansa me alegraste tanto la noche, mañana mandaré  tu carro  temprano, te amo, que no se te olvide”, ella se acurruca y se hace la dormida, ella le dice “gracias mi amor”, el simplemente  entiende a Frida, él la ama, y ella sueña.

Autores: Nadia Sarabia & Sergio Villa

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