Dos, “Los sentimientos del Don Nadie”


Todo comienza de la misma manera, siempre es igual, un roce, una mirada, una caricia, una sonrisa, siempre la misma historia, y por lo general, el mismo final. Ese don nadie, luchando por el amor de su vida, aun a sabiendas, de que la suerte  apunta a un propósito inalcanzable, y es que ese don nadie, a pesar de ser solo eso, un don nadie, jamás dejara de ser un soñador, un visionario que siempre piensa en positivo, siempre buscando una solución para todo mal, una explicación a lo inexplicable, todo un filosofo, admirando la belleza de su amada en silencio, pues aunque es un soñador, también es un realista y sabe que jamás será correspondido aunque en sus sueños se visualicé al contrario. Ella ni se imagina los anhelos de este don nadie, de este admirador en silencio, pues ni la más mínima seña le ha aportado, el tan solidario a su amada, nunca se pierde de la dulce melodía que escucha a través de sus ligeros bostezos, de sus improvisados suspiros , y es que en el pecho no le cabe tanta satisfacción, tanto  gozo que en el despierta, el reflejo de los rayos del sol en su mirada, el dulce olor de su perfume lo vuelve loco de ansias, el desea tanto el poder besarla, el poder probar de su boca esa verdad amarga.

 El don nadie, la observa tras bambalinas, siempre en silencio y de manera minuciosa, cada pequeño detalle, la manera en que observa a su tan odioso amado,  a ese frio y calculador ser, que peca de altivo, de soberbio, de ególatra; ella, sin  embargo, aun a sabiendas de esto, lo ama con locura, de la misma magnitud en que también le odia, cosa que el don nadie lamenta con todo su ser. Ella, tan bella bribona, pilluela soberbia, inteligente e intangible, totalmente deseable ante los ojos del don nadie, jamás se dará cuenta  de la existencia de este, y este, jamás tendrá el valor para hacerse  notar, siempre observándola durante cada ensayo, durante cada espectáculo. Ella ni lo nota, él le es indiferente, y el, de eso se aprovecha, porque él puede estar tan cerca a ella, y para ella es como si no hubiese nadie a su lado, el le es invisible ante su vanidad. El don nadie, totalmente enamorado, de esa sonrisa perturbadora, no piensa darse por vencido, es al finalizar el primer acto cuando el realiza su primera aparición en la “Obra Absurda”, después del gran espectáculo, aplaudido por las masas donde su amada y el amado de la misma,  han dejado  sobre el escenario todo el ímpetu, ambos corren al camerino, ella le odia, pero le ama al mismo tiempo, a él, le da lo mismo lo que esta piense, ella no soporta que él la crea inferior, por lo mismo le odia, pero su naturaleza le hace amarle, el siempre trata de obtener lo que quiere, donde quiera, cuando quiera, ella se niega y el trata de dominarla, de someterla,  es evidente lo que causa la excitación de ella, esa dama perversa e insufrible, y él como siempre fingiendo y asumiendo ser calculador y frívolo, queda vulnerable ante la soberbia de la bella dama, a quien no le importa morir antes de ser sometida, y no es que no le guste el forcejeo, ese que libera las feromonas a través de su sudor, el cual de manera inevitable, pragma su esencia en la memoria del amado, quien siempre tratara de montar un escenario creyéndola imprudente, mientras ella sienta más ira , agonía y remordimiento, mayor lívido, mayor excitación, para ambos ahí, ella ante el público nunca pierde el porte, siempre escondiendo su mayor placer, al placer por el desprecio. Mismo con el que el don nadie se compara, al no entender cómo puede amar a quien ni siquiera se ha dado cuenta de que existe. En ese momento de intimidad improvisada, ve por la puerta entre cerrada, logra distinguir la pasión de su amada, y del amado de la misma, que desdicha se dice a sí mismo, el dolor en su pecho es insoportable, una lágrima derrama, solo una por la dama. Se marcha cabeza abajo, a seguir son su labor, el escenario tiene que estar perfecto para el segundo acto.


El don nadie tiene todo perfecto, al entrar ella al escenario nota una pequeña alteración al mismo, sorprendente se dice a sí misma, mas finge que le es indiferente, su arrogancia le gana en el corazón. Se da la señal tercera llamada, el telón se levanta, y comienza la función, “ Si le dijera que tengo  un mes siguiéndola, que fingí el tropiezo, que el libro es un pretexto porque sé que lee; Se todo sobre usted, puedo olerla e imaginarme las cosas más obscenas con su olor, e incluso muero por acariciarle”, palabra tras palabra el don nadie sabe el  guion completo, cada parte de la “Obra Absurda”, cada interacción con su amada,  y siendo un soñador, es lógico que sueñe con realizarla a su lado. Ella de reojo le observa, le detesta, no entiende como el no capta las indirectas, que le molesta su presencia, mas reconoce que nadie la conoce como él, ni siquiera su tan amado, pero es cuando comienzan en su mente las comparaciones. Por un instante pierde la noción y tiene que improvisar para salvar la actuación, todo sale perfecto. El amado molesto, reclama por su falta de interés en la obra, por la pérdida de la cabeza, ella le detesta, no le apetece un nuevo combate, le ignora y marcha a su camerino. En este una bella roza de su color preferido, una botella de vino, y una nota de un admirador secreto. El la ve desde lejos, y observa como esta saborea una copa de vino, y hule cuidadosamente la rosa. Pequeños detalles que aunque le cueste admitirlo le seducen.

El amado de la amada, a humillado al don nadie, por descubrirlo observándola, le hace sentir poca cosa, lo insulta con palabras educadas, palabras altivas; el sin imaginar que el don nadie poco a poco comienza a cautivar el corazón de la amada, esta lo defiende, asiéndole sentir feliz, pues ella por primera vez en el mundo ha notado su presencia. Días después ella le encuentra  en el escenario, sentado, pensando, ella comienza la plática, rompiendo con la imagen de fría y soberbia, él le sorprende, pues le hace saber que sabe de arte, y la sonroja al decirle que ella es su musa, se levanta y sin despedirse se marcha, dejando al don nadie solo, este con una nueva esperanza en su vida. Pasan los días y como si nada ya existe una mirada entre ambos, un cruce de palabras, un roce, intercambio de comentarios. A ella le asombra la facilidad del don nadie por hacer de unas palabras absurdas algo bello, ella siempre lo estima, pero cuando él se le insinúa siempre lo evade, se aleja, saca al tema a su tan amado, comparándolo en su presencia con este, siempre en cada charla es la misma historia, situación que al don nadie exaspera. Un día como otros tantos, él la sorprende con un nuevo poema, ella simplemente le dice:  “Me encanto”, él le pregunta que si ella considera que este pobre don nadie, admirador de su belleza, podría alguna vez convertirse un buen escritor, ella con sonrisa turbia y fría, le da la respuesta: “Me gusta y te critico, me encanta y te critico, si te escribo te enamoras, pero en realidad eso no lose”, el perplejo ante la respuesta de la cruel y vanidosa dama le responde: “Es inherente tanta belleza, palabras tibias y tu frialdad ante el público, eso gusta mucho, los comentarios que elevan al infinito y las pocas palabras que hacen desplomar todo de una, el bello beso imaginado y jamás contado, la suave caricia fingida, que oculta la agresividad de querer consumirte, el rose de miradas irritantes, que esconden el deseo que un admirador postra ante la sin igual Frida de Don Diego, el admirador que sueña con arrebatársela de sus temibles artimañas, pero que sabe perfecto que son las mismas, las que tienen enamorada a esta, entra el dilema, Ser o No Ser, como el gusto de la dama, o permanecer con la propia identidad y dar todo por enamorarla”. Ella calla y de nuevo desaparece sin aviso.

Pasan los días y ya no ha habido nueva comunicación, solo rose de miradas, y un silencio tan fuerte e imponente como un abismo, un frio que le carcome hasta las huesos, el piensa que tal vez hubiese sido mejor seguir siendo invisible ante su amada, porque así, no sentiría la desdicha de conocer lo sentimientos que esta guarda a su amado, el desearía tanto poder ser él, pero jamás renunciara a su origen, por lo que se confirma con tan sólo seguir observándola, a pesar de que el dolor se ha agrandado a causa de su contacto.

 El amado de ella, llega puntual al ensayo, comienza, con precalentamientos, murmuraciones, de arriba abajo tras el escenario, es todo un ente, un maestro, un dios, conoce cada rincón del mismo tal cual si fuera la palma de su mano, ama lo que hace, no tanto como se ama a sí mismo. Mientras todos están distraídos con sus actividades, escuchan a lo lejos un grito y un ruido extenuante, el amado a caído del escenario al tropezarse con una cubeta, echa la culpa al don nadie, “Tu eres el causante de mi desgracia, maldito analfabeta, jamás dejaras de ser eso, jamás dejaras de ser un don nadie, si no puedes cumplir con tan poca cosa, que es tu pobre empleo, jamás lograras sobre salir en nada”, la amada junto al amado, agacha la cabeza, el admirador sale del escenario,  al arrogante se lo han llevado al hospital, que mal para ella, la función es de dos, no se puede presentar como monologo, sin dudar piensa en el admirador, el sabe toda la obra, cada posición, cada interacción, el por ese único día podrá suplir al amado, que bien para él, el sueño de su vida, hoy se realizara. Todo marcho de acuerdo al plan, la obra fue un existo como se predijo, el admirador cree que esta aun paso de ganar al amor de su vida.

Al ir al camerino de la amada, ella le abraza y le da las gracias, este eleva de nuevo sus insinuaciones, y ella lo evade, y le dice: “Mis palabras pueden tener diez mil sentidos, jamás sabrás cual es el correcto,  y aunque lo supieses que lo dudo mucho jamás reconocería la verdadera intención, puedes tomarlas o dejarlas libres tu eres quien decide”,  entonces este le responde: “Palabras y mas palabras, que aunque sean tomadas, jamás dan respuesta, al atan anhelado sueño del pobre admirador, quien se conforma con la crítica de la temible e imponente Frida, quien compara al admirador con su alma gemela, tal cual si este fuese un dios, que en lo único que ha de compararse a un dios, es en la arrogancia y la falta de humildad, poco tacto, y aunque posea una magnifica sabiduría, debería compartirla en lugar de usarla viendo desde lo alto a los demás, porque aunque así parezca no somos sus creaciones, ellos son nuestras creaciones. Frida debe entender que en el pecho de su admirado, cabe la razón a la sutileza de la bella dama, el admirador no cambiara, no hoy, ni mañana, definitivamente el admirador no cambiara su esencia, y aunque él sabe perfecto que esto pueda ser lo que lo separe de la misma, espera la aceptación de esta”, ella perpleja ante las palabras da la media vuelta, y al igual que siempre lo hace con todo mundo, le ignora, y vuelve a rodearse de arrogancia, la misma que desde hace tiempo, el admirador sabe que es un escudo para protegerse. Este jamás se dará por vencido, por lo que la toma del brazo, le  voltea, la besa a la fuerza y añade: “La Obra Absurda de la pasión, del placer sin compromiso, que mas da lo que piensen los demás, que mas dan los títulos, si todo a su tiempo cobra sentido, disfrutemos el momento, el hoy y el ahora, después nos preocupamos por el mañana y los nuevos protagonistas. Que al final la vida siempre será eso, ¡Una Obra Absurda!”, ella  corresponde el beso, se suelta, y le da una bofetada.

Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.

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