Todo comienza de la
misma manera, siempre es igual, un roce, una mirada, una caricia, una sonrisa,
siempre la misma historia, y por lo general, el mismo final. Ese don nadie,
luchando por el amor de su vida, aun a sabiendas, de que la suerte apunta
a un propósito inalcanzable, y es que ese don nadie, a pesar de ser solo eso,
un don nadie, jamás dejara de ser un soñador, un visionario que siempre piensa
en positivo, siempre buscando una solución para todo mal, una explicación a lo
inexplicable, todo un filosofo, admirando la belleza de su amada en silencio,
pues aunque es un soñador, también es un realista y sabe que jamás será
correspondido aunque en sus sueños se visualicé al contrario. Ella ni se
imagina los anhelos de este don nadie, de este admirador en silencio, pues ni
la más mínima seña le ha aportado, el tan solidario a su amada, nunca se pierde
de la dulce melodía que escucha a través de sus ligeros bostezos, de sus
improvisados suspiros , y es que en el pecho no le cabe tanta satisfacción,
tanto gozo que en el despierta, el reflejo de los rayos del sol en su
mirada, el dulce olor de su perfume lo vuelve loco de ansias, el desea tanto el
poder besarla, el poder probar de su boca esa verdad amarga.
El don nadie,
la observa tras bambalinas, siempre en silencio y de manera minuciosa, cada
pequeño detalle, la manera en que observa a su tan odioso amado, a ese
frio y calculador ser, que peca de altivo, de soberbio, de ególatra; ella, sin
embargo, aun a sabiendas de esto, lo ama con locura, de la misma magnitud en
que también le odia, cosa que el don nadie lamenta con todo su ser. Ella, tan
bella bribona, pilluela soberbia, inteligente e intangible, totalmente deseable
ante los ojos del don nadie, jamás se dará cuenta de la existencia de
este, y este, jamás tendrá el valor para hacerse notar, siempre
observándola durante cada ensayo, durante cada espectáculo. Ella ni lo nota, él
le es indiferente, y el, de eso se aprovecha, porque él puede estar tan cerca a
ella, y para ella es como si no hubiese nadie a su lado, el le es invisible
ante su vanidad. El don nadie, totalmente enamorado, de esa sonrisa
perturbadora, no piensa darse por vencido, es al finalizar el primer acto
cuando el realiza su primera aparición en la “Obra Absurda”, después del gran
espectáculo, aplaudido por las masas donde su amada y el amado de la
misma, han dejado sobre el escenario todo el ímpetu, ambos corren
al camerino, ella le odia, pero le ama al mismo tiempo, a él, le da lo mismo lo
que esta piense, ella no soporta que él la crea inferior, por lo mismo le odia,
pero su naturaleza le hace amarle, el siempre trata de obtener lo que quiere,
donde quiera, cuando quiera, ella se niega y el trata de dominarla, de someterla,
es evidente lo que causa la excitación de ella, esa dama perversa e
insufrible, y él como siempre fingiendo y asumiendo ser calculador y frívolo,
queda vulnerable ante la soberbia de la bella dama, a quien no le importa morir
antes de ser sometida, y no es que no le guste el forcejeo, ese que libera las
feromonas a través de su sudor, el cual de manera inevitable, pragma su esencia
en la memoria del amado, quien siempre tratara de montar un escenario creyéndola
imprudente, mientras ella sienta más ira , agonía y remordimiento, mayor lívido,
mayor excitación, para ambos ahí, ella ante el público nunca pierde el porte,
siempre escondiendo su mayor placer, al placer por el desprecio. Mismo con el
que el don nadie se compara, al no entender cómo puede amar a quien ni siquiera
se ha dado cuenta de que existe. En ese momento de intimidad improvisada, ve
por la puerta entre cerrada, logra distinguir la pasión de su amada, y del
amado de la misma, que desdicha se dice a sí mismo, el dolor en su pecho es
insoportable, una lágrima derrama, solo una por la dama. Se marcha cabeza
abajo, a seguir son su labor, el escenario tiene que estar perfecto para el
segundo acto.
El don nadie tiene
todo perfecto, al entrar ella al escenario nota una pequeña alteración al
mismo, sorprendente se dice a sí misma, mas finge que le es indiferente, su
arrogancia le gana en el corazón. Se da la señal tercera llamada, el telón se
levanta, y comienza la función, “ Si le dijera que tengo un mes siguiéndola,
que fingí el tropiezo, que el libro es un pretexto porque sé que lee; Se todo
sobre usted, puedo olerla e imaginarme las cosas más obscenas con su olor,
e incluso muero por acariciarle”, palabra tras palabra el don nadie sabe
el guion completo, cada parte de la “Obra Absurda”, cada interacción con
su amada, y siendo un soñador, es lógico que sueñe con realizarla a su
lado. Ella de reojo le observa, le detesta, no entiende como el no capta las
indirectas, que le molesta su presencia, mas reconoce que nadie la conoce como él,
ni siquiera su tan amado, pero es cuando comienzan en su mente las
comparaciones. Por un instante pierde la noción y tiene que improvisar para
salvar la actuación, todo sale perfecto. El amado molesto, reclama por su falta
de interés en la obra, por la pérdida de la cabeza, ella le detesta, no le apetece
un nuevo combate, le ignora y marcha a su camerino. En este una bella roza de
su color preferido, una botella de vino, y una nota de un admirador secreto. El
la ve desde lejos, y observa como esta saborea una copa de vino, y hule
cuidadosamente la rosa. Pequeños detalles que aunque le cueste admitirlo le
seducen.
El amado de la
amada, a humillado al don nadie, por descubrirlo observándola, le hace sentir
poca cosa, lo insulta con palabras educadas, palabras altivas; el sin imaginar
que el don nadie poco a poco comienza a cautivar el corazón de la amada, esta
lo defiende, asiéndole sentir feliz, pues ella por primera vez en el mundo ha
notado su presencia. Días después ella le encuentra en el escenario,
sentado, pensando, ella comienza la plática, rompiendo con la imagen de fría y soberbia,
él le sorprende, pues le hace saber que sabe de arte, y la sonroja al decirle
que ella es su musa, se levanta y sin despedirse se marcha, dejando al don
nadie solo, este con una nueva esperanza en su vida. Pasan los días y como si
nada ya existe una mirada entre ambos, un cruce de palabras, un roce,
intercambio de comentarios. A ella le asombra la facilidad del don nadie por hacer
de unas palabras absurdas algo bello, ella siempre lo estima, pero cuando él se
le insinúa siempre lo evade, se aleja, saca al tema a su tan amado, comparándolo
en su presencia con este, siempre en cada charla es la misma historia, situación
que al don nadie exaspera. Un día como otros tantos, él la sorprende con un
nuevo poema, ella simplemente le dice: “Me encanto”, él le pregunta que
si ella considera que este pobre don nadie, admirador de su belleza, podría
alguna vez convertirse un buen escritor, ella con sonrisa turbia y fría, le da
la respuesta: “Me gusta y te critico, me encanta y te critico, si te escribo te
enamoras, pero en realidad eso no lose”, el perplejo ante la respuesta de la
cruel y vanidosa dama le responde: “Es inherente tanta belleza, palabras tibias
y tu frialdad ante el público, eso gusta mucho, los comentarios que elevan al
infinito y las pocas palabras que hacen desplomar todo de una, el bello beso
imaginado y jamás contado, la suave caricia fingida, que oculta la agresividad
de querer consumirte, el rose de miradas irritantes, que esconden el deseo que
un admirador postra ante la sin igual Frida de Don Diego, el admirador que
sueña con arrebatársela de sus temibles artimañas, pero que sabe perfecto que
son las mismas, las que tienen enamorada a esta, entra el dilema, Ser o No Ser,
como el gusto de la dama, o permanecer con la propia identidad y dar todo por
enamorarla”. Ella calla y de nuevo desaparece sin aviso.
Pasan los días y ya
no ha habido nueva comunicación, solo rose de miradas, y un silencio tan fuerte
e imponente como un abismo, un frio que le carcome hasta las huesos, el piensa
que tal vez hubiese sido mejor seguir siendo invisible ante su amada, porque así,
no sentiría la desdicha de conocer lo sentimientos que esta guarda a su amado,
el desearía tanto poder ser él, pero jamás renunciara a su origen, por lo que
se confirma con tan sólo seguir observándola, a pesar de que el dolor se ha
agrandado a causa de su contacto.
El amado de
ella, llega puntual al ensayo, comienza, con precalentamientos, murmuraciones,
de arriba abajo tras el escenario, es todo un ente, un maestro, un dios, conoce
cada rincón del mismo tal cual si fuera la palma de su mano, ama lo que hace,
no tanto como se ama a sí mismo. Mientras todos están distraídos con sus actividades,
escuchan a lo lejos un grito y un ruido extenuante, el amado a caído del escenario
al tropezarse con una cubeta, echa la culpa al don nadie, “Tu eres el causante
de mi desgracia, maldito analfabeta, jamás dejaras de ser eso, jamás dejaras de
ser un don nadie, si no puedes cumplir con tan poca cosa, que es tu pobre
empleo, jamás lograras sobre salir en nada”, la amada junto al amado, agacha la
cabeza, el admirador sale del escenario, al arrogante se lo han llevado
al hospital, que mal para ella, la función es de dos, no se puede presentar
como monologo, sin dudar piensa en el admirador, el sabe toda la obra, cada posición,
cada interacción, el por ese único día podrá suplir al amado, que bien para él,
el sueño de su vida, hoy se realizara. Todo marcho de acuerdo al plan, la obra
fue un existo como se predijo, el admirador cree que esta aun paso de ganar al
amor de su vida.
Al ir al camerino de
la amada, ella le abraza y le da las gracias, este eleva de nuevo sus insinuaciones,
y ella lo evade, y le dice: “Mis palabras pueden tener diez mil sentidos, jamás
sabrás cual es el correcto, y aunque lo supieses que lo dudo mucho jamás reconocería
la verdadera intención, puedes tomarlas o dejarlas libres tu eres quien
decide”, entonces este le responde: “Palabras y mas palabras, que aunque
sean tomadas, jamás dan respuesta, al atan anhelado sueño del pobre admirador,
quien se conforma con la crítica de la temible e imponente Frida, quien compara
al admirador con su alma gemela, tal cual si este fuese un dios, que en lo único
que ha de compararse a un dios, es en la arrogancia y la falta de humildad,
poco tacto, y aunque posea una magnifica sabiduría, debería compartirla en
lugar de usarla viendo desde lo alto a los demás, porque aunque así parezca no
somos sus creaciones, ellos son nuestras creaciones. Frida debe entender que en
el pecho de su admirado, cabe la razón a la sutileza de la bella dama, el
admirador no cambiara, no hoy, ni mañana, definitivamente el admirador no
cambiara su esencia, y aunque él sabe perfecto que esto pueda ser lo que lo
separe de la misma, espera la aceptación de esta”, ella perpleja ante las
palabras da la media vuelta, y al igual que siempre lo hace con todo mundo, le
ignora, y vuelve a rodearse de arrogancia, la misma que desde hace tiempo, el
admirador sabe que es un escudo para protegerse. Este jamás se dará por
vencido, por lo que la toma del brazo, le voltea, la besa a la fuerza y
añade: “La Obra Absurda de la pasión, del placer sin compromiso, que mas da lo
que piensen los demás, que mas dan los títulos, si todo a su tiempo cobra
sentido, disfrutemos el momento, el hoy y el ahora, después nos preocupamos por
el mañana y los nuevos protagonistas. Que al final la vida siempre será eso,
¡Una Obra Absurda!”, ella corresponde el beso, se suelta, y le da una
bofetada.
Autores: Sergio Villa & Nadia Sarabia.
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